13 diciembre, 2016. Por

Soft Hair

Raros (y suaves) peinados nuevos
Soft Hair

Benditos sean los horteras, pues gracias a ellos el camino del desprejuicio está allanado, y los tabúes, límites y corsés que imponen los fundamentalistas de todo lo fundamental (y fundamentado). Gracias a los horteras podemos soñar con que la música de puticlubs y bares de carretera pueda llegar a ser cabeza de cartel del festival más indie de California o del Asia meridional.

Ejemplos ha habido muchos en los últimos años: crooners anticrooners como Adam Green, Ezra Furman, Ariel Pink, Kevin Morby, Devendra Banhart, Mac DeMarco o Destroyer han demostrado tener una pasmosa capacidad para, sin moverse de ese terruño gigantesco que es la “música de autor”, inyectar en su música añadidos en bajas fidelidades de sonoridades casi de juguete, de la caja de música difícil de parar que es la caja de ritmos hasta bajos funkis, teclas de música disco progresiva, guiños a folclores tribales del tercer mundo y melodías propias de aquellos descartes de la radiofórmula de los años ’80, hoy posibles auténticos héroes de una generación alternativa que se encuentra en ellos cantando en la ducha posibles hits anti-hits.

En esa maraña de nombres entran también a formar parte Connan Mockasin y Sam Dust: el primero con una sonada carrera en solitario de algo más de un lustro y dos discos; el segundo, conocido bajo su álter ego de LA Priest y antes por capitanear a los new-raveros Late of the Pier. Juntos, son una especie de dinamita de sonoridades eminentemente horteras que viajan hacia una posible vía para el estándar soul sin perder comba ni a los bajos funkeros ni a un conglomerado de nombres que incluye a Serge Gainsbourg, Lee Hazlewood, Lucas Martí, Chris Isaak o Joe Jackson, entre otros.

Soft Hair son unos pelazos de tíos: tienen una particular manera de entender la canción soul. Y es que en los (apenas) ocho cortes que gobiernan el disco despliegan una suerte de curiosa armazón de soulcodelia: se intervienen las gargantas como unos marcianitos de la ironía croonerista (Relaxed Lizard), suenan más cerca de las cumbias deconstruidas de los Meridian Brothers que de sus compañeros generacionales (Jealous Lies), se insinúan con bailes sexys en donde inventan una nueva Motown (In Love), salen a la estratosfera del polvo psicodélico (Alive Without Medicine) o encuentran su mayor punto de autenticidad en piezas en donde cabe soul, nuevo estándar de canción psicodélica, guitarras a lo Mark Knopfler y sinuosidad melódica (Lying Has to Stop y A Goood Sign).

Soft Hair