9 abril, 2014. Por

Camila Cañeque

Arte Marca España
Charlamos con la artista Camila Cañeque sobre sus nuevos proyectos y sus sensaciones después de liarla en ARCO 2013
Camila Cañeque

Camila Cañeque llega puntual a El Brillante, donde hemos quedado para charlar sobre su trabajo “post-polémica ARCO 2013” y nos sorprende con un pequeño gran detalle: nos ofrece una porción de su performance Where are our dresses, un clavel rojo de plástico que representa su viaje por los EEUU vestida de flamenca y su posterior peregrinación por las diferentes mecas del arte. “Aunque son terribles, muy fake, es un recuerdo”, nos dice.

Fake o no, lo cierto es que empezamos con buen pie la entrevista, rodeadas de sempiternos y gigantes bocatas de calamares y con un clavel de plastiquete en la mano que encarna sin duda uno de los grandes temas en la obra de esta artista: la tradición y el folclore como seña de identidad en crisis.

Notodo: ¿Estás solo de visita?
Camila Cañeque:
Ahora vivo en Barcelona. El tema geográfico es bastante itinerante en mi obra y en mi vida. Tampoco significa nada que ahora esté en Barcelona, simplemente que es la ciudad donde nací y así puedo producir de manera más asequible y más directa los treinta y cuatro proyectos españoles del proyecto www.thenumberyouhavedialedisnotavailable.com, que es una página web que tengo en marcha y entre los que se encontrarán proyectos como, por ejemplo, Mucha Mierda.
“La temática de mi obra es España; o, más bien, la anti-España.”

NTD: Pero esos treinta y cuatro proyectos, ¿son exclusivamente tuyos?
C.C.:
Sí, yo me invento mundos paralelos y el tema lo vi muy claro: España; o, más bien, la anti-España.

NTD: Sí, parece que España es siempre tema recurrente en tu obra.
C.C.:
Pero más casual de lo que parece, lo que pasa es que, los proyectos que más han salido a la luz hasta la fecha, están muy centrados en España: la flamenca y las fiestas, por decir los dos más recientes. Sobre todo Where are our dresses, con el tema de la performance censurada, se convirtió un poco en el boom de ARCO 2013 y la lectura que se hizo de “España ha muerto”, que es comprensible y lógica, hace que parezca que yo soy activista de este tema 100%. Mis proyectos tienen hijos, como ramificaciones que yo no preveo y que no planifico, son hijos que se independizan de mí misma y que toman forma de manera natural. Yo solo les pongo alguna que otra etiqueta…

NTD: Pero tanto las lecturas más aventuradas o no como la interpretación errónea no parecen preocuparte.
C.C.:
Claro que tengo miedo, cada vez que me enfrento a un nuevo proyecto. Pero los miedos, si los manejas, se van perdiendo y no creo que eso sea positivo tampoco… La obra se completa con la mirada ajena, sobre todo en un formato performance.
“Prefiero ir a ver una peli antes que a un festival de performance.”

NTD: El viaje que hicisteis a EEUU para realizar Where are our dresses, ¿estaba muy planificado?
C.C.:
El guión, por llamarlo de alguna manera, aparte de ser consecuencia de otros proyectos, llevaba un año en preparación, marcando unas pautas exactas: espacio, tiempo, límites y condiciones (el vestido).

NTD: ¿Siempre tenías que llevarlo?
C.C.:
Sí. Ni un pijama. El mérito es la persona que me acompaña… Yo me busco aliados, porque aparte de cuestiones puramente técnicas, la soledad en una aventura como esta es dura. El texto acabado es posterior aunque todo estuviera pensado. Fue una edición de dos meses: dejé el trabajo en el que estaba, agarré mi traje, me fui, volví y después me puse a editar todo (vídeo, foto, texto).

NTD: En el proyecto se mezcla ese elemento del folclore español con la pregnante y iconografía americana.
C.C.:
La idea de choque, de contraposición de temas, de clichés… es un tema que me interesa.

NTD: Tu traje de flamenca sufrió más que la bomber de Ryan Gosling en Drive. El proyecto parece tener una estructura muy de via crucis cinematográfico, de road movie decadente, un viaje en busca de algo que no se sabe bien qué es…
C.C.:
Totalmente. El vestido existe y lo conservo, por supuesto. El proyecto siempre lo veo como una película e incluso en las imágenes, en la historia, en los tiempos, en la contraposición día y noche, en los pequeños fotogramas… hablan de un imaginario cinematográfico.
“La obra artística se completa con la mirada ajena.”

NTD: ¿Esperabas que la respuesta en ARCO fuera a ser así después de tus buenas experiencias en otras ferias extranjeras de arte?
C.C.:
No me lo esperaba, pero siempre tuve cierto miedo porque sabía que me metía en los sitios sin aviso previo y además estoy boca abajo, no veo nada y en general, el 90% de las veces, voy sola y no tengo a nadie que controle… Pero como me gusta escuchar la crítica directa, en ARCO me di cuenta enseguida del walkie-talkie, del “¡atención!: pasillo 23”, etc.

NTD: ¿Pero no crees que fue más una mala gestión de la seguridad del recinto que de la propia organización de ARCO?
C.C.:
Sí, yo creo que principalmente el segurata fue un poco patoso. No le debió hacer mucha gracia el papelón. Tampoco creo que le interese a la propia organización de ARCO montar un pollo por una cosa así. Lo he pensado algunas veces pero no saco una conclusión clara.

NTD: Los medios también hacen leña del árbol caído.
C.C.:
Es comprensible: lo pintan de rosa o de rojo o de alarma. Pero en alguna entrevista sí me malinterpretaron e incluso pusieron en mi boca palabras que no había pronunciado. Llegaron a afirmar que yo había hecho declaraciones sobre el IVA cultural. De todas formas, el día que pasó llegué a casa con ese mal sabor de boca de “no he podido hacer lo que quería” más que “qué hijos de puta” y tampoco le di más importancia. Pero a la mañana siguiente tenía 491 llamadas perdidas. Pensaba que se había muerto algún familiar hasta que vi las noticias. Pero, evidentemente, al cabo de cuatro días ya nadie se acordaba de esto. Creo que, a la larga, como toda cosa que hace ruido, es algo positivo. “Que hablen aunque sea bien”, ¿no?
“Al cabo de cuatro días de la polémica de ARCO ya nadie se acordaba.”

NTD: ¿Volverías a hacerlo de nuevo?
C.C.:
Yo necesito la acción, el directo, el riesgo; y eso que la performance como formato no me gusta mucho. Quizá tenga que ver con que siempre practiqué danza y también hice teatro. Aunque también influye la parte más narrativa de mi trabajo y lo plástico y audiovisual por lo profesional. Por eso cada proyecto termina siendo lo que necesita ser. Así que, aunque la performance no sea de mi devoción, termino usándola como formato. Aunque prefiero siempre ir a ver una peli antes que ir a un festival de performance…

NTD: ¿Tienes algún artista de performance que detestes especialmente?
C.C.:
Más que artistas concretos, es un tipo de performance como muy obvio, tan repetido hasta la saciedad que casi se considera un género en sí: ese tipo de danza teatral o teatro callejero de grito y alguien desnudo, con sangre, que rompe cristales…

Camila Cañeque