4 noviembre, 2016. Por

La próxima piel

Las inmensas y tensas preguntas
'La próxima piel', o un thriller-ensayo sobre la necesidad (o no) de construir la memoria
La próxima piel

¿Qué pesa más en el cine dramático: el poso que te deja la temática dramática del film o la tensión que consiga articular a través de su ritmo narrativo?

Acostumbrados a destacar películas por una u otra cualidad, la sorprendente La próxima piel, nueva película de Isaki Lacuesta que, tras el fiasco de Murieron por encima de sus posibilidades, firma a cuatro manos con Isa Campo este orgánico, asifixiante y épico ensayo sobre los recovecos de la memoria, la necesidad de reconstruir el pasado para afrontar un mejor futuro, la capacidad de poder vivir el presente sin recordar nada de lo vivido pero sin tampoco proyectar con demasiado ahínco lo que queda por vivir.

La próxima piel es una película que destaca, por un lado, por el poso dramático del amnésico reencontrado: un niño (Àlex Monner) que, tras perderse en los Pirineos a los 8 años, el mismo día que su padre caía por un acantilado, se reencuentra sin acordarse de mucho ocho años después con el resto de su familia, una esperanzada y necesitada madre (Emma Suárez) y un desconfiado tío (Sergi López) que confinan un triángulo que intenta adivinar las claves del otro, lo que recuerda y olvida cada uno y, sobre todo, lo que es capacidad de construir, reconstruir y deconstruir.

LAS INMENSAS PREGUNTAS

No hay nada que ponga más en jaque al espectador que hacerse preguntas. Y La próxima piel hace muchas, todo el rato, sin parar, desde que empieza hasta que acaba. Algunas de ellas pueden ser: ¿Es o no es el niño perdido? ¿Reconoce a su familia? ¿Su familia lo reconoce a él? ¿En quién confiar cuando empiezas de cero? ¿Cuáles son los mecanismos de la memoria para acordarse y olvidarse selectivamente de cosas? ¿Qué ha hecho el tío para llevarse tan mal con el chaval? ¿Qué ha hecho el chaval para llevarse tan mal con su tío? ¿Qué tipo de trauma puede mantener durante casi una década a un niño ausente de recuerdos fundamentales en su crecimiento? ¿Es necesario que un hijo lo sea con lazos sanguíneos si se va a querer de igual manera? ¿Existe la capacidad de construir una vida aunque sea inventada? ¿Hasta qué punto la vida simulada es menos real? ¿El daño es menor si es compartido?

La próxima piel parece una entrevista exhaustiva y en profundidad sobre los conflictos de la identidad y la memoria. Un edificio harto complejo que invita al espectador a crear su propia aventura, a construir sus propias respuestas, sin necesidad de que Isaki Lacuesta e Isa Campo completen la suya propia.

LAS INMENSAS TENSIONES

No por mucho preguntar (y poco responder) se tensa menos. Y precisamente La próxima piel no escatima en tensiones y en angustia. No necesita un oso hiperrealista que se lance frente a nadie ni situaciones de entrega física que dejen en ascuas (aunque haya un par de ellas): la película y sus tensiones se cimientan precisamente en la ambigüedad de la lectura de los mensajes que reptan por el film, en esas preguntas incompletas que consiguen tejer una temática que pone a tensar el cerebelo durante la algo más de hora y media de duración.
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