2 diciembre, 2016. Por

La pasión de Augustine

Una 'Sonrisas y lágrimas' sosainas
La pasión de Augustine

La educación siempre ha sido y será un tema controvertido en cualquier sociedad, tiempo y país. Somos lo que aprendemos. De ello bien sabe el sistema, que se sirve de la enseñanza para seguir transmitiendo, generación tras generación, ciertos valores inamovibles. En el caso particular de La pasión de Augustine nos trasladamos a la fría Canadá de los 60, y al enfrentamiento entre educación pública y privada.

Desde el punto de vista de alguien que cree en la educación alejada de religiones y creencias que nublen el libre pensamiento, este film en ocasiones resultará inverosímil y ridículo. Sin embargo, sorprende comprobar cómo la trama, a través de las historias de los personajes, produce una empatía capaz de conectar con el más ateo.

El mensaje católico es fuerte. En un principio puede parecer que se critica la manera de proceder de un grupo de monjas que acogen a jóvenes chicas de la zona con problemas (desde madres alcohólicas a demasiado ricas para ocuparse de sus hijas). Pero a medida que avanza la película, la defensa de este convento y del catolicismo moderado que comienza a modernizarse gana puntos para dotar de calidez a esta educación religiosa.

Todo ello enmascarado bajo la música. La pasión musical de la Madre Augustine (Céline Bonnier) y los aspectos vitales que la hacen más persona y menos monja son los responsables de crear algo de interés, aunque sea en formato melodramático, con una marcada sobriedad canadiense y apropiado para un domingo de sobremesa.

Un aspecto positivo a resaltar es el mensaje feminista, aunque tenga que recurrir a los años 60, que retrata a una mujer fuerte y con capacidad de reinventarse una y otra vez en un contexto desfavorable. Ya es hora de hacer menos “chicos de coro” y más “chicas pianistas”. Sin duda pasa el Test de Bechdel con nota, algo no tan claro en la Sonrisas y lágrimas a la que por música, educación y religión a veces trae a la mente.

La pasión de Augustine