5 diciembre, 2016. Por

Daniel Sánchez Arévalo

El hijo pródigo vuelve a casa
Daniel Sánchez Arévalo

Hace catorce años, Daniel Sánchez Arévalo era un reconocido guionista de series de televisión que comenzaba a hacer sus primeros pinitos como director, pero aún no había encontrado el escaparate adecuado donde promocionarse como tal. Hasta que se encontró con la segunda edición de un incipiente festival en el internet del módem enchufado al cable del teléfono: el Notodofilmfest.

Desde aquel entonces, el idilio de Sánchez Arévalo con nuestro festival es de sobra conocido: cortometrajes suyos como Gol o Exprés han sido premiados en la segunda y tercera edición; ha sido presidente del jurado en la octava edición; y es uno de los embajadores más ilustres de nuestro certamen.

Siete años después de aquella primera incursión como mandamás del festival, el cineasta madrileño vuelve a presidir el jurado de la simbólica décimo quinta edición del festival. Hablamos con él ante la atenta mirada de su perra Brigi tanto de los planes que tiene para esta nueva presidencia que gobernará junto a un ilustre jurado de campanillas como también del estado del cine español y del cortometraje, de la cultura patrocinada o del ‘caso Trueba’, entre otras cosas.

Notodo: Vuelves a ser Presidente del jurado de JamesonNotodofilmfest tras haberlo sido en la octava edición. ¿Tienes claras las cosas que crees que te funcionaron bien en aquella ocasión que quieres repetir y qué cosas nuevas incorporar? ¿O vas a dejar que todo fluya?
Daniel Sánchez Arévalo: Lo que yo quiero repetir en esta XV edición no es tanto la experiencia como Presidente del Jurado, sino mi experiencia como participante. A mí me pasó una cosa tanto en la segunda como en la tercera edición, aunque sobre todo en la segunda que era la primera vez que participaba, y era que mi mayor ilusión no era intentar ganar un premio, es algo que no me planteaba; sino pasar el primer corte para que la gente que formaba parte del jurado de ese año, entre los que estaban Achero Mañas, Bigas Lunas, Alejandro Amenábar, Javier Fesser… era un superjurado de nombres top de la industria y gente que me había inspirado muchísimo. Y la simple idea de que ellos iban a ver el corto que yo había hecho era la mejor de las noticias.
No quiero repetir en esta edición mi experiencia como Presidente del Jurado, sino como ex participante
Y en cuanto me dijeron de volver a presidir el jurado del festival en esta décimo quinta edición pensé en configurar un jurado de directores que hayan marcado a su generación y, a la vez, poder incorporar algunos de los directores con mayor proyección del cine español actual, como son Daniel Guzmán y Raúl Arévalo, que estoy seguro que con sus óperas primas de este año estoy seguro de que están inspirando a muchísimos nuevos cineastas. Me apetece ver esa ilusión en esos participantes, emocionarse al saber que su corto lo va a ver Icíar Bollaín, Julio Medem, Mateo Gil, Gracia Querejeta, Raúl, Dani y el otro Dani, que soy yo (risas).

NTD: Hablas mucho de tu experiencia como participante. ¿Crees que fue fundamental haber participado en el festival para llegar a estar donde estás; o lo vives como cosas separadas, que no tienen relación?
Daniel: Estaría bien ver qué hubiera sido de mi carrera si no hubiera existido Notodofilmfest. No sé cómo hubiera sido, pero desde luego que, sobre todo cuando participé con Exprés en la tercera edición, algo empezó a cambiar: ese corto me puso en otro lado, cogió mucha notoriedad, acabó siendo nominado a los Goya siendo el primer corto realizado en vídeo que nominaban (hasta ese momento todos los nominados habían sido rodados en 35mm) y la atención que todo ello supuso fue mi entrada de lleno en la industria del cine español.

Así es como los productores comenzaron a interesarse por mi trabajo, y así es como conocí a mi productor, José Antonio Félez, por recomendación de Achero Mañas, que el año anterior había estado en el jurado del festival y me llamó para presentarme a su productor, que era José Antonio. Y de la noche a la mañana, con un corto que yo había hecho sin presupuesto, rodado en mi edificio en un día, en un apartamento que estaba vacío y que el portero nos dejó entrar destrangis, de repente era mi pasaporte a entrar en la industria del cine español.

NTD: ¿Cuál dirías que es el mayor valor del festival?
Daniel: Para mí ese sentido de comunidad que se crea. Y eso creo que ha ido creciendo a lo largo de los años. Cuando yo empecé me sentía muy solo, muy abrumado, y estar en una comunidad de cineastas de tu misma generación y con inquietudes comunes, te hace sentir más acompañado, menos solo. Yo he hecho muchísimos amigos gracias al Notodofilmfest; cineastas que han marcado a una generación, como es el caso de Nacho Vigalondo, Borja Cobeaga, Rodrigo Cortés… y el hecho de que luego nos hiciéramos amigos y empezáramos a compartir sensaciones, a colaborar los unos con los otros en trabajos del otro… Y esa sensación de ver que no estás solo, de ver que hay gente a tu alrededor que te ayuda, te enseña y te hace crecer es algo que el festival sí lo da.

Mi carrera como director cambió tras ganar un Notodo en la tercera edición

NTD: Hablando de esa sensación de “comunidad”, este año en la web del festival, para repasar estos primeros 15 años, hay un apartado que se llama Mi primer Notodo, donde varios participantes recuerdan sus primeras participaciones en el festival. ¿Crees que puede haber una especie de “género Notodo”? Como una especie de “idiosincrasia narrativa” singular en el estilo de los participantes del festival…
Daniel: Creo que sí. El hecho de mantener este código desde el principio, con la máxima de 3:30 minutos de duración, ha generado un propio formato dentro del mundo del cortometraje: los cortometrajes suelen estar más en torno a los diez minutos, y aquí se impone un ritmo narrativo que gira en torno a ese límite de tiempo, que de alguna manera condiciona tu manera de narrar. A mí me pasó cuando participé en la tercera edición, de ponerme ese reto de contar una historia dramática en tres minutos y medio, tras haberlo hecho en la segunda con un corto cómico como Gol.

El hecho de que sean formatos originales que te obliguen a concebir una historia en ese tiempo ya crea un formato en sí mismo, que es el “formato Notodo”. Además, con el tiempo cada vez tenemos menos paciencia y queremos que nos cuenten historias muy rápidas, y eso ha hecho que el formato se consolide y que la gente consuma tan masivamente. Por eso los cortos del festival tienen la visibilidad y repercusión que tienen.

NTD: Tú has hecho muchos cortos a lo largo de tu carrera, y sigues haciendo. ¿Te es más fácil o más difícil contar historias en menos tiempo?
Daniel: Es más difícil, desde luego. Yo siempre he tenido una especie de obsesión, y en parte viene de mi experiencia como cortometrajista y en concreto por mi participación en el Notodo, de contar historias en el menor tiempo posible. Hace poco publiqué mi novela La isla de Alice, que tiene 600 páginas, y me decían que era muy larga. Y es cierto, pero yo hice lo posible porque sea lo más corta posible, aunque haya quien piense que me estoy recreando.

Las limitaciones disparan mucho la imaginación: hay que hacer de la carencia, virtud

No soporto la idea de aburrir: me gusta que todo el rato estén ocurriendo cosas y que en cada página o secuencia esté contando algo y la historia avance, porque para mí ese es el gran reto. Y en mis cortometrajes hago lo mismo. Eso no quiere decir que no haya veces en los que te guste parar, regodearte y contemplar momentos. Pero contar una historia dramática en tres minutos y medio es mucho más difícil que en diez, treinta u hora y media.

NTD: ¿Qué percepción tienes tú de cómo la gente recibe los cortometrajes? ¿Crees que ha cambiado la concepción o que la gente se lo sigue tomando como un “ensayo” o “entrenamiento” de cara a hacer un largometraje?
Daniel: Yo siempre he defendido el cortometraje como un formato válido en sí mismo. En mi caso, no empecé a hacer cortometrajes de cara a hacer un largometraje. Simplemente, yo quería contar historias y al principio las historias que se me ocurrían eran cortas. No hice mi primer largometraje hasta que no tenía una historia que contar, no me quise precipitar nunca, y eso que tenía ofertas. Pero cuando tuve algo que contar fue cuando lo hice. Pero yo sigo estando muy cómodo haciendo cortos, me encanta el formato y para mí tiene validez por sí mismo.

No creo que todavía tenga esa “categoría” a gran escala, porque tanto la percepción dentro de la industria como de la sociedad es que un cortometraje es una especie de “campo de pruebas” o un formato a través del cual llamar la atención de los productores para luego hacer un largometraje. Esperamos que poco a poco acabe teniendo el calado que debería tener.

NTD: Este año dos cortometrajes de los diez preseleccionados a los Oscar son españoles, como también lo fue el corto Palma de Oro en Cannes, hay dos nominados también en la EFA… Y sin embargo las ayudas son escasos por parte de organismos y empresas privadas con respecto al apoyo económico que se dan a lo largometrajes. ¿Crees que es un género que si no se lo empieza a apoyar en un momento tan rico creativamente como éste está destinado a desaparecer?
Daniel: No. Yo creo que hay que hacer de las carencias, virtud. Por supuesto que estoy de acuerdo en que el cortometraje también es cine español y que las ayudas estén bloqueadas me parece que no tiene sentido y que es muy injusto. Dicho esto, no hay que permitir que nada ni nadie nos impida contar nuestras historias ni hacer nuestras películas. Las limitaciones disparan mucho la imaginación. Hay que intentar no hipotecar la casa ni pedirle dinero a tus padres ni a tus amigos: hay que hacer las películas con los medios que uno tiene disponibles; y posiblemente lo que salga tenga la misma o más fuerza o entidad.
Aunque Trueba hubiera dicho “¡Viva España!” no hubiera tenido un reflejo en taquilla muy diferente
NTD: No sé si ves la vía del patrocinio como una de las más atractivas; como se da en el caso de Jameson, que lleva años apoyando el Notodofilmfest. ¿Estás a favor de esta idea de “cultura patrocinada” o crees que condiciona la expresión artística?
Daniel: Estoy súper a favor de este tipo de mecenazgos o patrocinios. Yo vengo de hacer un proyecto para Gas Natural, el de Cinergía, donde he tenido libertad absoluta para contar la historia que quería contar: obviamente dentro de unos parámetros que responden a una serie de valores positivos que ellos quieren inculcar en la sociedad. Y he tenido otras experiencias con marcas comerciales: hice una obra de micro-teatro para Tanqueray con Inma Cuesta y Hugo Silva, en la que yo he contado la historia que quise y nunca me dijo nadie nada.

Por eso creo que este tipo de iniciativas ayudan a crear industria, a dar empleo y mantener a los cineastas activos, porque cada vez es más difícil tener buenas condiciones e infraestructura para levantar nuevas historias. Y luego me gustan mucho los resultados. Cada vez hay más marcas comerciales tirando a hacer cortometrajes en vez de hacer anuncios: saben la repercusión que eso puede tener en redes sociales y a la vez la gran fuente de historias que acaban siendo.

NTD: Este año te vi en redes sociales muy activo haciendo fuerza para que la gente vaya a ver películas como Que Dios nos perdone, Tarde para la ira o Tenemos que hablar, por ejemplo. ¿Crees que es un momento en el que hay más piña en el cine español y no tanta competitividad y piques como en otros años?
Daniel: Si he empujado mucho es porque creo que este año probablemente sea la mejor cosecha de cine español en décadas: hay muchas películas y muy buenas, y lo que me provoca es orgullo, a pesar de cómo está la situación y de lo mal que lo pasamos y del desinterés general por la cultura y el cine en particular, que el cine siga brotando y sigamos contando historias que realmente llegan a la gente.
Tengo amigos que van al cine una vez al año y les parece normal
Y sí, creo que hay una sensación de que estamos todos a una y nos apoyamos e intentamos hacer buenas películas o se va a la mierda todo y desaparecemos. Hay que aplaudir el talento de tu compañero y no verlo como competencia, porque si no estamos abocados al desastre.

NTD: En ese sentido, no sé cómo estás viviendo el tema de las últimas semanas: el boicot a La reina de España, de Fernando Trueba
Daniel: A mí me parece lamentable cualquier tipo de boicot de este tipo. Pero también creo que ha sido mucho ruido y pocas nueces: no creo que haya tenido tanta repercusión, en realidad. La triste realidad es que la gente no va a ver películas; y no es que La reina de España no haya funcionado bien en taquilla en sus primeros días por las declaraciones de Trueba, que son desafortunadas pero tampoco hay que condenar a nadie por expresarse o hacer una broma, como él ha insistido. Esa especie de odio que se pueda generar me aturulla y me molesta.

Pero tengo la sensación de que aunque Fernando Trueba hubiera salido desde el principio diciendo “¡Viva España y la madre que lo parió!” no hubiera tenido un reflejo en taquilla muy diferente, la verdad. Nuestra realidad de hoy es que la gente está dejando de ir al cine. Por eso, a raíz de lo que me comentaste recién de mi apoyo en redes sociales a algunas películas, yo insistía mucho, y no concebía que una película como Que Dios nos perdone haya recaudado menos de 1.500.000 € cuando es un peliculón a nivel internacional, ya no de mercado interno. Por eso es muy frustrante ver que grandes películas que sí tienen mucho público objetivo no acaben llegando a la masa.
No soporto la idea de aburrir: me gusta que todo el rato estén ocurriendo cosas
NTD: ¿Crees que sigue habiendo prejuicio por parte del público hacia el cine español, que lo ha demonizado hace unos años y aún no le ha quitado el sambenito?
Daniel: Creo que está cambiando, que ya no hay tanta sensación de demonización; pero lo que me parece casi irreversible es que el público le está dando la espalda a las salas de cine. La gente sigue queriendo ver películas y consumiendo ficción, pero está dejando de ser una vía para el ocio.

Hace unos años, los fines de semana la gente iba al cine, era casi automático e instalado en la sociedad, y ya no: tengo amigos que no son parte de la industria y que a lo mejor van al cine una vez al año y les parece normal. ¿Ven películas? Muchísimas. ¿Series? Muchísimas. Pero las ven en casa, y no en el cine.

NTD: El año pasado cuando te nominaron al Premio Planeta por La isla de Alice dijiste en una entrevista que creías que esa novela era tu mejor película. ¿Sigues pensándolo?
Daniel: Absolutamente, sí. Lo sigo pensando y espero, aunque sea un proyecto a largo plazo, convertirlo en un proyecto audiovisual. Hablo de “proyecto audiovisual” porque no sé si está más cerca de una historia de dos horas de ficción o de seis, y ahora mismo en mi cabeza la concibo más como una miniserie que como un largometraje para poder contar todo lo que yo querría contar. Pero sin duda es mi proyecto más mimado y más a medio-largo plazo. Entre medias habrá otra película que rodaré el próximo año; pero sin duda La isla de Alice es mi proyecto más mimado, aunque me vaya a llevar más tiempo.
Este año probablemente sea la mejor cosecha de cine español en décadas
NTD: Acabas de ganar la Espiga de Oro en la SEMINCI por Queimafobia, que es la adaptación de un pasaje de la novela. ¿Hasta qué punto está desarrollada esa idea de miniserie o de película por episodios?
Daniel: El problema es que al ser una producción de una historia que ocurre en Estados Unidos, para levantar el proyecto se necesita mucho más esfuerzo de financiación, producción y tiempo. El corto era una especie de primera inmersión, y fue muy gratificante y especial lo que surgió y salió; pero también me ayudó como toma de contacto para darme cuenta de que es un proyecto de gran envergadura: es un pasaje de cinco páginas que lo cuento en diez minutos. La novela tiene 600 páginas. Y lo que yo realmente quiero contar, que es la relación de esa madre con esa niña, requiere un desarrollo mayor; y en el cortometraje es diferente, porque te puedes centrar en la peripecia y ya está.

NTD: Recién me comentaste que estás trabajando en una película. Ha trascendido que es la adaptación de una novela y que estás adaptando el guión con Curro Novallas y David Serrano. ¿No hay ninguna pista que puedas dar?
Daniel: Si te las doy, me matan (risas). Tal como está la situación y lo frágil que es la industria, hay que dar pasos con pies de plomo. Lo que sí te puedo decir es confirmar todo lo que me dices y comentar que estamos en fase de escritura. Estamos trabajando en ello (risas).
Siempre he tenido obsesión por contar historias en el menor tiempo posible
NTD: ¿Y para cuándo una película sobre tu perra Brigi, “la dueña de Daniel Sánchez Arévalo” como dices en tu Instagram?
Daniel: (Risas) Quizá sería un poco esclavo someter a tu perro a hacer una película. Es como los actores que cuando tienen hijos en principio suelen decir que no quieren que los hijos sean actores; y a mí me pasa un poco lo mismo, no sé si quiero poner a mi perra delante de la cámara, aunque pose de puta madre. Una cosa son las fotos que yo le hago y las poses que ella me da (que es muy teatrera) pero otra cosa es que me ponga a hacer una peli entera con mi perra: puede acabar muy mal eso.

NTD: A lo mejor se pone ella a rodar una película sobre ti.
Daniel: (Risas) ¡Exacto! Eso lo veo bastante más probable.

Daniel Sánchez Arévalo